lunes, 4 de junio de 2012

3er premio en el concurso de literatura


EFÍMERO SUEÑO

Una pequeña luz se abre entre la oscuridad. Pequeña, sí, pero poderosa y brillante. No dudo en caminar hacia ella mientras su halo se expande. Veo el polvo flotando a mi alrededor, suave, movido sólo por el aire que exhala mi nariz; débiles corrientes de aire que mueven un mundo.
Huele a viejo, a usado, a recuerdos, a pasado. Casi sin darme cuenta la luz ha crecido e iluminado todo tenuemente. Me encuentro en un sitio extraño, de suelo enmoquetado y techo transparente. Miro arriba y mis ojos se topan con la noche, un firmamento lleno de estrellas que no reconozco. No veo la luna, por más que busco, no está.
De las vigas que sujetan el fino cristal del techo penden hilos negros que atan plumas de colores, a diferentes alturas. Me muevo, hasta que una de ellas me roza la nariz, es tan suave que casi ni la noto sobre la piel.
Por todos lados veo estanterías, mesitas, sillas… repletas de libros. Libros de todos los tamaños, colores, escrituras e idiomas, apilados o colocados de manera desordenada. ¿Pero qué es este lugar…? No hay puerta, no sé como he entrado, ni cómo saldré, si es que he de salir… Sólo veo una pequeña ventana medio oculta tras una de las estanterías, está abierta, pero no se ve nada a través de ella. En ese momento noto una figura que se mueve tras de mí.
- Bienvenida.

Me giro lentamente para descubrir a mi anfitrión, un rostro algo desgastado por el tiempo, pero con un brillo juvenil en la mirada. El hombre delgado, de pelo canoso, nariz grande y redondeada y bigote pronunciado me mira como si me conociera de toda la vida.
Para mí es todo un enigma quién es este extraño individuo, pero me preocupa algo más qué hago yo allí y qué es lo que está por suceder ahora. Él espera, paciente, a que yo dé alguna contestación.
- ¿Qué… cómo… dónde estoy? – La pregunta más simple para la respuesta que más espero.
- ¿Tú qué crees? Pequeña, ésta es tu primera fase del sueño. Pronto tu subconsciente despertará y te llevará lejos de aquí.
- ¿Cómo dices? – Demasiado tarde. Su imagen y el resto de la habitación se desvanecen lentamente. Ya no hay libros, ni plumas, ni estrellas…



No sé cómo he ido a parar aquí, pero aquel hombre tenía razón, realmente estoy durmiendo, pero a la vez estoy en mi sueño. Estoy… alucinando. Allá donde miro hay retazos de sueños que he tenido recientemente, escenas inexplicables, seres extraños que quedaron guardados en mi memoria. A lo lejos, orientado hacia el norte, si no recuerdo mal, mi castillo de nieve, cayendo en avalancha y volviéndose a alzar como por arte de magia; al este, aquel templo junto a la pirámide que fue absorbida por una tormenta de arena; al sur, un mar, y en él, un islote coronado por un faro cuya luz nunca se ha apagado; y al oeste… nada.
Y ahora, ¿qué debo hacer? ¿Hacia dónde ir?
Mis pensamientos se arremolinan y combaten entre ellos en una lucha desenfrenada. No es que me sienta perdida, pues, si esto es un sueño, sé que en algún momento he de despertar, pero no me hace gracia la idea de no saber cuándo va a suceder eso, o lo que pueda encontrarme aquí mientras tanto. Las pesadillas nunca son agradables de revivir.
Entonces una tenue brisa con olor a mar llega hasta mí y me calma. Decido tumbarme en el suelo,  cerrar los ojos y respirar.  Briznas de césped comienzan a crecer bajo mi cuerpo y a mi alrededor, haciendo más confortable la tierra. En la vida real este hecho debería extrañarme, ¿cierto?
Pasan así unos cinco minutos en los que intento no pensar en nada, simplemente coordino mi mente con este lugar. Necesito algo de claridad, miro al cielo, está anocheciendo muy rápido, aquí el tiempo no es lo mismo, es una concepción distinta, una dimensión distinta, otra realidad. Las estrellas empiezan a brillar en un firmamento totalmente oscuro, me pregunto dónde está la luna.
La brisa comienza a transformarse en un viento suave que mueve la hierba como en un baile lento. El sonido resultante es tranquilizador y hace que me relaje durante unos instantes. Pero entonces el viento comienza a soplar fuerte y ulular violentamente contra mis oídos. Mi pelo se mueve agitado y debo entrecerrar los ojos para que no me entre arena.
Empiezo a oír voces, silbidos entre el viento, susurros.
“Debes buscarle”, “sigue los pasos”, “deprisa”, “búscalo…”, “allá donde nadie halló…”, “jamás”, “¡corre!”.


Me levanto y salgo corriendo, como por necesidad pura, hacia donde sopla el viento. Éste me empuja en dirección oeste, hacia la nada cubierta de un manto negro. Siento su fuerza arremetiendo contra mi espalda, tanto, que llega un momento en que prácticamente me arrastra, por lo que tropiezo y caigo, derrapando sobre una especie de gravilla. Duele y escuece al mismo tiempo, los rasguños palpitan abrumados. Cierro los ojos con fuerza y vuelvo a levantarme; sé que no debo quedarme allí parada. Intento correr de nuevo, aún con los ojos cerrados, ya que el viento me guía e igualmente, no sé a dónde voy.
Llevada por la corriente continúo, y sé que en algún momento llegaré a esa zona oeste que supuestamente no alberga nada, y sin embargo debe guardar el mejor de los paradigmas.
Tras miles de pasos, mis latidos se ralentizan, en sintonía con el vendaval. Creo que es hora de abrir los ojos, aunque tengo miedo de lo que pueda encontrarme.
Estupor, perplejidad, es lo que siento al conformar el paisaje que hay ante mí. Una suave luz de amanecer baña la hierba, los árboles, la tierra, las rocas cubiertas de musgo y un lago, entre un fino manto de niebla. Las aguas, tranquilas, reflejan montañas y cielo. Esto no es, ni mucho menos, lo que mis pensamientos auguraban. 
La serenidad del paisaje me llena tanto que casi olvido por qué estoy allí. Mi búsqueda de algo que desconozco no ha terminado. Algo me dice que no es éste lugar lo que debía encontrar, sino algo dentro de él. Miro a mi alrededor, pero no veo nada relevante, me acerco al lago y me siento en la orilla, dejando que el agua bañe mis pies, que forman ondas en su movimiento. Entonces me doy cuenta, en el lago se refleja algo que llevaba extrañando mucho tiempo. Algo que debería haber estado… y no estaba. Esa imagen que tanto inspira a los poetas: la luna.
Ahí está, solitaria, blanquecina, reflectada sobre la superficie. Miro al cielo, por tercera vez desde que aparecí en este extraño mundo de sueños, esperando encontrarla brillando tenuemente en el albor del cielo, y grande es mi confusión al ver, por tercera vez también, que no está.
No puede ser, me digo.  Y sin embargo mis ojos no mienten. Es entonces cuando reparo en una presencia cercana.
Justo a mi lado, sonriente, me mira. El reflejo de la luna se ha movido y ahora se halla en frente de nosotros, como si le hubiera seguido, como si le perteneciera.
- Llegas tarde, pero al menos cumples tu promesa.

Y justo en ese instante me vuelvo completamente consciente de quién es esa figura, de qué hago allí, de aquella esperanza…
- Te dije que nos veríamos en sueños.- contesto.

sábado, 2 de junio de 2012

Awaken

Despertando del invierno
tras el letargo del alma
que fue arduo eterno.
Reavivando los sentidos
amaneciendo tras tiempo
de descanso prometido.
Pequeños luceros se destapan,
desde la oscuridad observan
y amaneceres atrapan.
Las orben giran y buscan el sol,
se asoman hambrientas
para hallar el calor...
La piel se estremece,
vuelve a sentir la magia
que en primavera renace.
La brisa cabellos mece,
sedas de oro y ocre,
brisa que en el mar perece.
Vuelve, se recrea, trae olores diluidos
y compone música para tus oídos
que al escuchar sueñan despiertos.

Cielo


Érase un mar de nubes, iluminado por el titilo de las estrellas.
Un prado de algodón que crecía por doquier y bañaba tus pies,
como el agua del océano.
Un colchón vaporoso rozando tu piel, superficie inexistente
donde flotar.
Allá iba el Sol, desde la lejanía, asomándose. Envidiando tu
remanso estiraba sus brazos para alcanzar el pedacito de
paraíso, inalcanzable.
''Tú no sabes volar, dicen, sólo te mantienes en la ingravidez del
infinito, y yo estoy aquí, tras tanto intento y voluntad''.
Ave, sobrevuela tu nuevo hogar, que el cielo se queda
pequeño donde los ojos no avistan más.
Pero aquí, hundida entre nubes, surcando sus rizos, sintiendo
el agua a través... Se siente tan libre que no vas a volver.