sábado, 2 de junio de 2012

Cielo


Érase un mar de nubes, iluminado por el titilo de las estrellas.
Un prado de algodón que crecía por doquier y bañaba tus pies,
como el agua del océano.
Un colchón vaporoso rozando tu piel, superficie inexistente
donde flotar.
Allá iba el Sol, desde la lejanía, asomándose. Envidiando tu
remanso estiraba sus brazos para alcanzar el pedacito de
paraíso, inalcanzable.
''Tú no sabes volar, dicen, sólo te mantienes en la ingravidez del
infinito, y yo estoy aquí, tras tanto intento y voluntad''.
Ave, sobrevuela tu nuevo hogar, que el cielo se queda
pequeño donde los ojos no avistan más.
Pero aquí, hundida entre nubes, surcando sus rizos, sintiendo
el agua a través... Se siente tan libre que no vas a volver.

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