martes, 29 de mayo de 2012

No dejes que se apague...

A veces con tener el boli en la mano no basta.
La inspiración llega como un vendaval. Sólo cuando tu cálido corazón ha templado las ideas, éstas se elevan hacia las nubes, más allá, como el globo que escapó de tu infantil mano. Trepan por el cielo y bailan entre ellas, se mezclan, se funden, se recrean como la más perfecta de las obras de la naturaleza, se debaten y disfrutan del éxtasis de la libertad. Mientras, se alejan. Vuelan hasta que el helado espacio tienta a recogerlas. Pero ellas sienten el frío, y anhelan volver a casa. Miran atrás, allá abajo estás tú, tan pequeño, esperando pacientemente. Se precipitan como la lluvia de verano, queriendo volver a ser acogidas entre tus brazos para guiar tus manos y revelarte los secretos del infinito.
Tus pensamientos han vuelto e iluminan tu mirada, te llevarán a la gloria, a la paz del alma, pues en ellos te desbordas y desahogas todo lo que escondes en tu interior. Con ellos conquistarás un corazón, reflejando tus palabras en los poemas que bombea a través de las venas.
Una vez más, te pones a escribir y ves que al fin tus promesas han vuelto, que aún puedes hacerlo: crear magia, vivir en un hechizo y consumir la tinta en palabras que no caerán en vano, si aquel corazón conquistado revive al albor de tus ojos.
Para ellos somos simples maniquís, pero un fuego perpetuo arde en nuestra mirada, aun cuando la pasión por un futuro pierde su sentido al ver que las horas venideras torcerán el camino, seremos los últimos en ser libres antes de morir. Los últimos en desafiar a la gran masa de mentes privadas de imaginación. El globo que escapó de su manos no volvió, la irá se revolcó en sus corazones, la esperanza fue sustituida por pasividad. No lo volverán a intentar, pero nosotros lucharemos hasta el final.

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